El mal trago de no celebrar tu boda

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A veces es tal el estrés que supone la boda que llega un punto en que uno de los dos no puede más y tira la toalla.

Es decir opta por la cancelación, los trámites le han superado, vuestra falta de decisión, el contagio de la desesperación y que lleváis hace meses hablando de lo mismo hasta altas horas de la noche.

No parece haber otra cosa mejor que hacer que hablar de la maldita boda y de los preparativos, de lo inútiles que pueden ser en el lugar elegido para la celebración y donde no llaman todavía o del vestido y de las invitaciones que no han terminado de imprimirse y a las que hay que añadir un detalle pero son tantas cosas que parece mentira, van saliendo día tras día, el transporte, la fiesta, el banquete, hay que pensar en todo y en el vestido que ya estás por elegir pero aun no te convence y cuando de pronto llaman del local para decir que ha sucedido un imprevisto y el día fijado no podrá llevarse a cabo la boda es el detonante para que él diga que lo quiere dejar todo tal como está y que ya encontrarán otro momento, y entonces no soportas lo que escuchas porque no crees que esté saliendo de su boca, lo miras y es como si vieras a un monstruo que se está quedando contigo y te dan ganas de coger un palo de escoba y lazárselo por la cabeza, pero tienes la boca seca y te exiges a ti misma calma que todo esto es solo un mal entendido y resulta que no lo es, que tu boda se ha cancelado, entre los dos la habéis cancelado y tu consuelo es saber que no ha sido peor, porque hay circunstancias peores en las que nada ni nadie puede detener el curso de la vida.

Y es que el plantón en una boda es algo que no se lo deseo a nadie, porque una cosa es que te mosquees y termines diciendo a los que nunca invitaste que se ha postergado la boda cosa que en realidad es verdad, y otra, más salvaje, más cruel y triste que te dejen plantada.

Que de pronto esperes y esperes y no llegue tu príncipe azul, descubrir que no asistirá a la boda delante de tanta gente es inaguantable y entendible pero aun en una circunstancia así deberás tener algo de amor propio y guardártelo para ti y tu familia por último y claro cancelar todo porque la boda ya no se celebrará, tu dolor será demasiado grande, nadie querría estar en tu piel, ni siquiera tú como tampoco traer puesto ese vestido por el que tanto te empeñaste durante más de diez tardes para tenerlo a punto el día de tu plantón. Afrontar esa circunstancia no siempre es fácil, aunque lo más recomendable es tener paciencia, valor, tomárselo con naturalidad y así aun cuando llores y te desgarres en la soledad, poco a poco puedas superar ese mal trago de tu vida.

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